Subtramo Putre – Zapahuira XV Region de Arica – Parinacota

El Subtramo Putre-Zapahuira, proviene del principal camino incaico desde Cusco que se dirigía hacia el Collasuyu, enlazándose con otras rutas transcordilleranas de Bolivia y del extremo  de Perú que conectaban a las tierras altas de Arica. Desde aquí continúa articulándose con los paisajes de Putre, avanzando hacia Socoroma por laderas y planicies altas de los cerros en la mayor parte del recorrido.

A su recorrido se ligan Tambos, Pascanas, Chasquiwasi y Apachetas enclavados en torno a los 3000 metros de altura. Continúa desde Socoroma hacia el Sur por laderas bajas y a través de quebradas y planicies, hasta llegar al centro administrativo incaico de mayor envergadura, en el sector de Zapahuira.

Desde el Tambo de Zapahuira se articulaba la red de control de bienes y expansión del imperio hacia el sur, controlando el movimiento de poblaciones y bienes provenientes de las tierras altas, continuando en dirección a Belén, Taruguire y Mulluni, uniendo las cabeceras de los valles del extremo Norte de Chile hacia la costa del Pacífico. Posteriormente se dirige a la vertiente occidental de la precordillera y la vertiente oriental del cordón de Huaylillas, a través de la sierra de Arica.

El Subtramo se encuentra interceptado por otras vías menores o ramales transversales Este-Oeste que conectaban la vía principal con poblados alejados de los centros administrativos y económicos principales que buscaban controlar el suministro de agua para los canales de regadíos y supervigilar el trabajo de las poblaciones sometidas al Imperio. En este caso se trata de ramales que conectan distintos pisos ecológicos, los que han mantenido en actividad por parte de viajeros y arrieros de las comunidades locales. Está constituido por dos secciones de camino: Putre Sur y Socoroma Sur.

Se constituye en el segmento norte que caracteriza el paso del Qhapaq Ñan por el Despoblado de Atacama, la zona geográfica de mayor aridez en todo su recorrido. El camino es considerado una obra de gran esfuerzo y proeza; evidencia la enorme capacidad de asimilación del espacio geográfico de quienes ahí habitaban. La demarcación del trazado, asegura la visibilidad del camino, con un gasto mínimo de energía constructora y con un tipo de infraestructura particular adecuada y acotada a las condiciones del trayecto.

El Subtramo se inserta en la Hoya Hidrográfica de la Cuenca del Salar de Atacama, una depresión territorial confinada al norte por los volcanes del Tatio, al este por la cordillera de los Andes, al oeste por la cordillera de la Sal y al sur por las lomas de Tilocalar. En el fondo se encuentra una costra salina, que conforma al Salar de Atacama y este a su vez contiene cauces hídricos a nivel de napas subterráneas que alimentan a lagunas y ojos de agua en los cuales se desarrollan ecosistemas ricos en fauna de gran relevancia en el territorio chileno.

El QhapaqÑan en esta zona se orienta y une de manera precisa en una línea recta dos de los cerros tutelares de éste paisaje, hacia el norte conecta visualmente al Mallku o ApuLicancabur y hacia el suroeste conecta al Volcán Llullaillaco, este fenómeno visual da cuenta del “simbolismo direccional” que caracterizaba a los incas y, en general, a los pueblos andinos en la región. El recorrido continúa en la sección Peine Norte para finalizar 1 km antes de llegar al Poblado de Peine.

Pertenece al eje del Qhapaq Ñan que ingresa por el norte de Chile en el cordillerano Portezuelo del Inca, ubicado en el límite con Bolivia, próximo a la localidad de Ollagüe y se direcciona hacia el sur atravesando el Salar de Ascotán. Posteriormente, desciende hacia el sur por una ruta jalonada de tambos y chasquiwasi, que progresivamente se va articulando con los paisajes locales, bordeando el Paniri por el Oeste, accediendo a Cupo y desde ahí, hacia el sur, hasta Turi.

El Qhapaq Ñan continúa con rumbo sureste hasta el área de Caspana – una de las localidades con mayor materialidad incaica en el Norte Grande de Chile. Desde Caspana continúa rumbo al suroeste, en un eje más o menos paralelo al del río San Pedro para acceder al centro administrativo incaico de Catarpe – sitio que habría articulado el dominio del Tawantinsuyu en San Pedro de Atacama- para luego continuar el trayecto hacia el sur, adentrándose en el Despoblado de Atacama.

Todo este trazado comprende alrededor de 133 km de Norte a Sur. La geomorfología en este recorrido desarrolla grandes cuencas cerradas por altas montañas por lo que el recurso paisajístico constituye uno de los activos más importantes y de singular belleza en la zona, destacando las cuencas visuales y la diversidad de flora y fauna asociada a la vega de Turi y a la caja del río San Pedro.

II Región de Antofagasta

Con escasos símiles en los Andes; en pocas partes del Collasuyu se conserva una arteria incaica de esta naturaleza, provista de un elenco completo de chaskiwasis, tambos, centros administrativos y sitios locales, en un entorno tan desértico y desolado. Revisten especial significado los alineamientos que se han interpretado como parte de un sistema de demarcación de territorialidades -rituales, políticas, económicas y sociales- asociados a elementos simbólicos cosmológicos, espaciales y temporales de orden incaico.

El Subtramo Incahuasi-Lasana pertenece al eje caminero del Alto Loa, que ingresa por el límite con Bolivia cercano a los faldeos del volcán Miño, pasa cercano a los esteros Nacimiento y Paco Paco. Desde Miño el camino se dirige hacia Taira, para luego continuar enfrentada a cerros, quebradas y planicies hasta Incahuasi y Lasana por el Sur, en un trayecto principalmente acompañado de asentamientos alineados en un eje norte-sur de más de 130 km. Dos de los sitios más relevantes fueron centros administrativos: Miño y Cerro Colorado y los restantes, son tambillos y chasquiwasi, es el caso de Esquiña, Chela, Desencuentro, Lequena Viejo, Bajada del Toro y el Tambo de Incahuasi.

El Qhapaq Ñan en su trayectoria recorre de forma paralela a una de las zonas más ricas en recursos cupríferos a nivel mundial; lo que está directamente relacionado al interés de los incas por la gran riqueza minera localizada en la sierra que limita el valle del río Loa por el oeste, donde se encuentran los yacimientos de cobre de Chuquicamata, Conchi Viejo, El Abra y Collahuasi.

El recorrido de camino a nominar comienza en la planicie ubicada al costado poniente de la Caja del Loa, en las cercanías del camino vehicular que se dirige al sector El Abra, desde allí se dirige hacia el sur hacia el Tambo de Incahuasi. Desde el Tambo, el camino continúa su recorrido hacia el Sur asociado a chasquiwasis, pequeñas estructuras habitacionales, e hitos demarcadores que permiten la continuidad del Qhapaq Ñan hacia la quebrada del río Loa. Posteriormente desciende hacia Lasana para conectar con el Pukará de Lasana, asentamiento emplazado estratégicamente en la zona del Loa medio, de fechas de ocupación inicial aproximadamente al 900 D.C. hasta la llegada del Inca durante el 1450.

El Qhapaq Ñan comunicaba el Salar de Atacama (Subtramo Camar-Peine) y llegaba hasta lo que ahora es la ciudad de Copiapó. La geomorfología del sector permite el desarrollo de amplias cuencas enmarcadas por los macizos cordilleranos, que sólo se ven interrumpidas por la presencia de quebradas de diversos tamaños. El relieve es montañoso y en grandes áreas el suelo está recubierto por costras salinas, gravas, granitos, bloques y arenas. Esta zona está extraordinariamente dotada de minerales de oro, plata, cobre y turquesa entre otros; en términos paisajísticos éstos minerales otorgan una gran cantidad de tonalidades, destacando los colores rojos, pardos, amarillos, violáceos y verdes, que varían de acuerdo a la hora y a la luminosidad del día aportando a este escenario natural, dinamismo y belleza.

El Qhapaq Ñan permitió sortear este paisaje y un gran desierto, conectando dos espacios geográficos amplios, poseedores de sus propias particularidades naturales y conocimientos culturales, en el contexto del Tawantinsuyu. El área estuvo articulada como un sistema, que conectaba el tráfico de bienes y personas a través del Imperio e internamente en la región, gracias a las actividades asociadas al desarrollo minero prehispánico; presentando a lo largo de su recorrido una serie de sitios arqueológicos administrativos y de refugio, como el tambo de La Sal, Finca de Chañaral y el Medanoso.

El Qhapaq Ñan en este tramo, es el testimonio único y excepcional del paso por el desierto más árido del mundo, que aunado a la belleza de las formaciones geológicas sobre las que tiene lugar, confieren al recorrido un carácter paisajístico excepcional que se intensifica con el cambio de incidencia de la luz solar y con la conformación de las rocas sobre planicies inmensamente amplias. Si bien la tecnología constructiva aparentemente no tiende a presentar un carácter monumental, resulta sobresaliente la linealidad de su trazo lo que evidencia la enorme capacidad que ilustra una fase significativa de la historia cultural de la región.